Sin ser abogado del diablo

Sin ser abogado del diablo 1
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Este domingo 21 de junio se llevará a cabo la segunda vuelta presidencial entre los candidatos de la extrema derecha radical Abelardo de la Espriella e izquierda radical Iván Cepeda; Colombia no solo está eligiendo un presidente, se está observando a sí misma en dos espejos distintos. Una votación apretada por donde se le mire; los izquierdistas daban por sentado el triunfo en la primera vuelta, pero surgió lo inverosímil, el repunte del derechista, que logró vencer en las pasadas votaciones.

Desde una perspectiva democrática, lo más relevante no es solo quién gane, sino qué tan legítimo sea el resultado para la mayoría de la población y qué capacidad tenga el próximo gobierno para gobernar un país dividido. Las elecciones se ganan con una mayoría, pero los países se gobiernan para todos.

Más que una elección entre izquierda y derecha, esta parece ser una elección entre dos diagnósticos distintos del país. La pregunta no es solo quién debe gobernar, sino cuál es el problema que el país considera más urgente resolver.

La preocupación de muchos ciudadanos no es que gane un candidato de derecha o de izquierda. La verdadera preocupación es si el próximo gobierno entenderá que en democracia gobernar no significa imponer una sola visión del país, sino respetar también a quienes piensan diferente. La fortaleza de una democracia se mide precisamente por la capacidad de convivir con la diferencia.

En campaña, el lenguaje político suele endurecerse, y algunas frases generan preocupación en distintos sectores. Sin embargo, en democracia es fundamental distinguir entre la retórica electoral y las propuestas reales de gobierno. Lo que define a un liderazgo no son solo sus palabras en campaña, sino el respeto que muestre por la oposición y por las garantías constitucionales una vez en el poder.

Más allá de quién gane las elecciones, uno de los debates que deja esta campaña es el papel de los medios de comunicación. En una sociedad democrática, la prensa tiene la responsabilidad de informar, cuestionar y ofrecer distintas perspectivas. Cuando una parte de la ciudadanía percibe que existe cercanía con determinado sector político, se genera un desafío adicional, recuperar la confianza y demostrar independencia frente a cualquier proyecto de poder.

Esto sería lo ideal conservar la imparcialidad y la forma honesta y correcta como verdaderos periodistas de informar los hechos sin apasionamientos pero a estos lame cuatro letras les importa un pepino la opinión del pueblo estos están más dados a lamer la zuelas de sus jefes, de sus amos, por ello la algarabía cuando ganó el felino, la prensa arrodillada de los medios importantes del país de las cadenas radiales, amanecieron eufóricos y triunfantes y no se les borra la sonrisa de oreja a oreja, aunque se dicen haber sido financiados por pretratamos del estado para llegar a ser lo hoy son.

Como alguien dijo por ahí, lo peor de todo pobre es pelear con otro pobre por un rico que lo va a empobrecer más.

Esta es la forma de pensar de muchos pelafustanes que se dicen haber salido del pueblo, pero que celebran la esclavitud y la subyugación que sus patrones someten al pueblo.

Lo cierto de todo esto es que el país se juega dos cartas, la decisión, y la bola está en el campo de las personas que decidan qué es lo mejor que necesita el país.

Pero siendo honestos, de los candidatos que se presentaron para estas votaciones, no había de dónde hacer un buen caldo, como se dice; que venga el diablo y escoja.

Como en el fútbol, que haya juego limpio y que gane el mejor.

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